YO SOY
.
El tiempo se paró para todos menos para mí, porque yo soy el tiempo. Hasta Dios, que depende de mí, ruega para que eche andar de nuevo y así tener razón de ser… No estoy hecho de materia, pero la contengo toda y mi rastro fluye hacia el infinito. Si me detengo, como ahora, observo la quietud de la existencia y su ocaso… Dios no hace nada más que llorar postrado ante mis pies, implorando mi actividad, para poder gobernar un Universo que en realidad gobierno yo. Y es que yo soy el tiempo, que todo lo abarco y soy el dueño de todo.
.
.
.
EL TIEMPO LO ES TODO
.
Más que nada soy algo, aunque no demasiado. Cantidades que se deben contar, de días que pasan sin sentido, cuando todo lo que tengo son esos días perdiéndose uno tras otro. Soy el tiempo que sucumbe ante sí mismo, cuando se acaba y vuelve a empezar en una continuidad sin fin. El pasado queda y el futuro se espera, mientras se viven esos días sabiendo que se deben contar los que ya pasaron, para que así exista una memoria.
.
Soy prisionero de mí mismo y de mi esencia temporal; es lo mismo lo uno que lo otro porque yo soy el tiempo, compuesto de cantidades que crecen de lo más insignificante hacia un futuro muchas veces predecible. Me gustaría liberarme del presente para no esperar un futuro, cuando el pasado ya lo dejé en esa memoria que crece y crece, con mi transcurso, para ser mucho más de un algo que nunca será demasiado.
.
No tengo más remedio que seguir adelante para que todo exista, porque yo, el tiempo, soy Dios.
.
.
.
TIEMPO Y MEMORIA
.
En un lugar de mi memoria está tu imagen de la que ya no me acuerdo. Ya pasaron tantos años que esa parte se borró y no logro recuperarla. Aún así, todos los días de mi vida pienso en ti, para tratar de superar ese olvido que el tiempo, con su paso, me quitó. Y es que ya no tengo noción de mi presencia, y ya no sé si soy tú o soy yo, ni quién eres ni quién soy yo. Sólo puedo pensar y pensar, tratando de recordar esa imagen que hace tanto se perdió, pues aquí me hallo dentro de un tiempo que se fue de mi memoria para no regresar jamás, y si no hay memoria no hay recuerdos ni tiempo pasado, y así, continuamente, no paro de nacer.
.
.
.
UN TERRÓN DE AZÚCAR
.
El agua cae del cielo y no hay nubes, sólo una atmósfera transparente, pero el agua, como un torrente, me deshace a la manera de un terrón de azúcar. Mi sustancia, diluida en el agua fluvial, corre por las hendiduras de la piedra escurriéndose hacia lugares desconocidos, tanto como ese agua caída de un cielo transparente y sin nubes, la misma que me deshizo igual que un terrón de azúcar, para escurrirse hacia los rincones de un paraje que se mojó entero con mi sustancia y con el agua inesperada de un cielo transparente y sin nubes, que se precipitó como un torrente sobre mí.
.
Ahora, que me esparcí por todo este lugar, ya no sé si soy yo o dejé de serlo, para ser el lugar en vez de ser yo. Ésa es la duda que no me deja tranquilo: la condición verdadera de mi ser; cuando el recuerdo de mi anterior existencia, antes de que el agua se precipitara desde un cielo transparente y sin nubes sobre mí, para deshacerme como si fuera un terrón de azúcar, tenga la veracidad de mis recuerdos.
.
¿Qué soy? ¿El ahora o el recuerdo de lo que fui? Todo depende del tiempo, de si es presente o pasado, porque yo soy lo que fui y también lo que ahora pueda ser; todo depende del momento, porque el futuro borra un presente que muta hacia el pasado, en una multiplicidad de instantes enlazados entre sí. Eso ya lo sé, pero lo que nunca entenderé es cómo desde un cielo transparente se pudo precipitar el agua de aquella lluvia, que me deshizo como si fuera un terrón de azúcar.
.
.
.
MEMORIA Y TIEMPO
.
En algún lugar me encuentro, desconocido, eso sí. No reconozco nada de nada porque todo, como ya dije, me es desconocido. No sé cómo llegué hasta aquí, pues perdí la memoria sobre mi presente y pasado, aunque puedo adivinar mi futuro (o al menos eso creo). A partir de ahora comenzaré a reconocer el lugar donde me encuentro, si es que no pierdo, otra vez, la memoria… ¿Qué es lo que estaba diciendo…?
.
.
.
OPORTUNA QUIETUD
.
En un minuto pasó un segundo, con esa lentitud que se extendió en el tiempo. Yo no pude más que esperar dentro de ese instante dilatado, siendo consciente de tan anodino suceso. Así se empezaron a encadenar los segundos que se transformaban en minutos sin dejar de ser segundos, en un itinerario estático que regresaba sobre sí mismo en un movimiento cíclico, repetición del instante en un tiempo siempre presente, incapaz de convertirse en pasado y aspirar a futuro. Esta situación me pareció perfecta, ya que por suerte me encontraba en medio de un orgasmo.
.
.
.
EL FINAL DE LA LITERATURA
.
Soy el último hombre sobre la faz de la tierra y Dios dijo que mañana moriré. Atrás queda una Historia interminable de guerras, en las que yo no participé, y soy el sobreviviente de todas ellas. Desde entonces no hice nada más que escribir sabiendo que, por ser el último hombre, nadie leerá mis palabras. Es una lástima, porque mi libro es de capítulos infinitos que se hilan a través de palabras mucho más infinitas y de letras mucho más allá de lo infinito. La tarea fue ardua para leer mis propias palabras, después de haberlas escrito, mientras esperaba la total extinción de una especie. Ahora sólo me queda ver despuntar el alba, con este libro aferrado entre mis manos, sabiendo que no quedará rastro de él ni de todo lo escrito por el hombre.
.
El tiempo se paró para todos menos para mí, porque yo soy el tiempo. Hasta Dios, que depende de mí, ruega para que eche andar de nuevo y así tener razón de ser… No estoy hecho de materia, pero la contengo toda y mi rastro fluye hacia el infinito. Si me detengo, como ahora, observo la quietud de la existencia y su ocaso… Dios no hace nada más que llorar postrado ante mis pies, implorando mi actividad, para poder gobernar un Universo que en realidad gobierno yo. Y es que yo soy el tiempo, que todo lo abarco y soy el dueño de todo.
.
.
.
EL TIEMPO LO ES TODO
.
Más que nada soy algo, aunque no demasiado. Cantidades que se deben contar, de días que pasan sin sentido, cuando todo lo que tengo son esos días perdiéndose uno tras otro. Soy el tiempo que sucumbe ante sí mismo, cuando se acaba y vuelve a empezar en una continuidad sin fin. El pasado queda y el futuro se espera, mientras se viven esos días sabiendo que se deben contar los que ya pasaron, para que así exista una memoria.
.
Soy prisionero de mí mismo y de mi esencia temporal; es lo mismo lo uno que lo otro porque yo soy el tiempo, compuesto de cantidades que crecen de lo más insignificante hacia un futuro muchas veces predecible. Me gustaría liberarme del presente para no esperar un futuro, cuando el pasado ya lo dejé en esa memoria que crece y crece, con mi transcurso, para ser mucho más de un algo que nunca será demasiado.
.
No tengo más remedio que seguir adelante para que todo exista, porque yo, el tiempo, soy Dios.
.
.
.
TIEMPO Y MEMORIA
.
En un lugar de mi memoria está tu imagen de la que ya no me acuerdo. Ya pasaron tantos años que esa parte se borró y no logro recuperarla. Aún así, todos los días de mi vida pienso en ti, para tratar de superar ese olvido que el tiempo, con su paso, me quitó. Y es que ya no tengo noción de mi presencia, y ya no sé si soy tú o soy yo, ni quién eres ni quién soy yo. Sólo puedo pensar y pensar, tratando de recordar esa imagen que hace tanto se perdió, pues aquí me hallo dentro de un tiempo que se fue de mi memoria para no regresar jamás, y si no hay memoria no hay recuerdos ni tiempo pasado, y así, continuamente, no paro de nacer.
.
.
.
UN TERRÓN DE AZÚCAR
.
El agua cae del cielo y no hay nubes, sólo una atmósfera transparente, pero el agua, como un torrente, me deshace a la manera de un terrón de azúcar. Mi sustancia, diluida en el agua fluvial, corre por las hendiduras de la piedra escurriéndose hacia lugares desconocidos, tanto como ese agua caída de un cielo transparente y sin nubes, la misma que me deshizo igual que un terrón de azúcar, para escurrirse hacia los rincones de un paraje que se mojó entero con mi sustancia y con el agua inesperada de un cielo transparente y sin nubes, que se precipitó como un torrente sobre mí.
.
Ahora, que me esparcí por todo este lugar, ya no sé si soy yo o dejé de serlo, para ser el lugar en vez de ser yo. Ésa es la duda que no me deja tranquilo: la condición verdadera de mi ser; cuando el recuerdo de mi anterior existencia, antes de que el agua se precipitara desde un cielo transparente y sin nubes sobre mí, para deshacerme como si fuera un terrón de azúcar, tenga la veracidad de mis recuerdos.
.
¿Qué soy? ¿El ahora o el recuerdo de lo que fui? Todo depende del tiempo, de si es presente o pasado, porque yo soy lo que fui y también lo que ahora pueda ser; todo depende del momento, porque el futuro borra un presente que muta hacia el pasado, en una multiplicidad de instantes enlazados entre sí. Eso ya lo sé, pero lo que nunca entenderé es cómo desde un cielo transparente se pudo precipitar el agua de aquella lluvia, que me deshizo como si fuera un terrón de azúcar.
.
.
.
MEMORIA Y TIEMPO
.
En algún lugar me encuentro, desconocido, eso sí. No reconozco nada de nada porque todo, como ya dije, me es desconocido. No sé cómo llegué hasta aquí, pues perdí la memoria sobre mi presente y pasado, aunque puedo adivinar mi futuro (o al menos eso creo). A partir de ahora comenzaré a reconocer el lugar donde me encuentro, si es que no pierdo, otra vez, la memoria… ¿Qué es lo que estaba diciendo…?
.
.
.
OPORTUNA QUIETUD
.
En un minuto pasó un segundo, con esa lentitud que se extendió en el tiempo. Yo no pude más que esperar dentro de ese instante dilatado, siendo consciente de tan anodino suceso. Así se empezaron a encadenar los segundos que se transformaban en minutos sin dejar de ser segundos, en un itinerario estático que regresaba sobre sí mismo en un movimiento cíclico, repetición del instante en un tiempo siempre presente, incapaz de convertirse en pasado y aspirar a futuro. Esta situación me pareció perfecta, ya que por suerte me encontraba en medio de un orgasmo.
.
.
.
EL FINAL DE LA LITERATURA
.
Soy el último hombre sobre la faz de la tierra y Dios dijo que mañana moriré. Atrás queda una Historia interminable de guerras, en las que yo no participé, y soy el sobreviviente de todas ellas. Desde entonces no hice nada más que escribir sabiendo que, por ser el último hombre, nadie leerá mis palabras. Es una lástima, porque mi libro es de capítulos infinitos que se hilan a través de palabras mucho más infinitas y de letras mucho más allá de lo infinito. La tarea fue ardua para leer mis propias palabras, después de haberlas escrito, mientras esperaba la total extinción de una especie. Ahora sólo me queda ver despuntar el alba, con este libro aferrado entre mis manos, sabiendo que no quedará rastro de él ni de todo lo escrito por el hombre.
.
.
.
________________________________________
.
Derechos Reservados - Copyright © Pablo Paniagua
Imagen de fractales.free.fr

